
Como dice el tango de Gardel “que 20 años no es nada”, pero parece que para Katherine Neville ha sido mucho tiempo y eso le ha hecho, al parecer, perder la frescura para escribir la segunda parte de su novela “el ocho”, esta fue una obra entretenida sin mas pretensión que hacer pasar un buen rato al lector y que se convirtió en un best-seller, con un ritmo trepidante, sorpresas a vuelta de pagina y muchos giros inesperados, pero no voy a hablar de esta primera parte si no de su sucesora “el fuego”. En esta los giros son de 360º, o sea que te llevan al mismo lugar de donde partiste, que es el no entender nada de la novela, con personajes planos como una tabla de planchar y una trama tan enrevesada y a veces tan absurda que no tiene ni pies ni cabeza, apareciendo en ocasiones personajes reales de la historia que no aportan nada y lo único que consigue la autora es enredar mas la novela que ya de por si es bastante confusa gracias a sus historias de mitos y leyendas europeas y occidentales que intentan ser trasvasadas a los principios de la creación de los EE.UU. Esta claro que una novela es un relato de ficción donde dejar volar la imaginación y el todo vale esta muy bien, pero si por lo menos el todo vale sirviera para entretener, y no para aburrir y convertir un libro en algo a lo que aborrecer, sin contar con el final que te deja atónito, pensando que te has tragado 530 paginas para esto, y que además deja la puerta abierta para un tercer libro que espero que tarde en escribir como mínimo otros 20 años, en definitiva doy las gracias a los dioses porque este libro fue un regalo.
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